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Noviembre 2022 / ASSET ALLOCATION VIEWPOINT

Adaptarse a un nuevo mundo de inversión

Los inversores afrontan nuevas oportunidades y desafíos de cara a 2023

Puntos clave

  • Aunque el año 2022 fue difícil, ya que los mercados mundiales de renta variable y de renta fija cayeron al unísono, el futuro puede traer consigo mayores expectativas de rendimiento, pero también una mayor volatilidad.
  • Creemos que los inversores deberían plantearse cinco maneras de adaptarse al nuevo entorno de inversión. En el siguiente artículo, explicamos cada una de ellas en detalle.
  • Creemos que una estrategia multiactivos bien gestionada y diversificada podría ser una solución única y eficiente para poder beneficiarse de los cinco enfoques sugeridos.


Introducción: 2022, un año difícil para los inversores

El año ha sido decepcionante para los inversores en los mercados cotizados. Las inversiones en renta variable y en renta fija de todo el mundo se han desplomado tras los excelentes rendimientos, especialmente en los mercados de renta variable, que se registraron antes y después de la pandemia de coronavirus. Pero 2022 ha sido especialmente difícil porque tanto los mercados de renta variable como los de renta fija han caído al unísono, lo que ha hecho muy difícil diversificar las carteras. Así se muestra en el gráfico 1, utilizando los rendimientos de la renta variable y los bonos del Tesoro de EE. UU. correspondientes a años naturales desde 1928. Este año es claramente atípico desde el punto de vista histórico.

Rendimiento total por año natural del S&P 500 y del Tesoro estadounidense a 10 años

(Gráfico 1) Periodo de 1928 a 2022 (hasta el 30 de septiembre)

Rendimiento total por año natural del S&P 500 y del Tesoro estadounidense a 10 años

A 30 de septiembre de 2022.
La rentabilidad pasada no es un indicador fiable del rendimiento futuro.
Basado en el rendimiento total anual medido en dólares estadounidenses (USD).
Fuentes: Índice S&P 500 e índice Bloomberg U.S. Aggregate (véase la Información adicional). Análisis de T. Rowe Price.

El gráfico 2 destaca los cinco peores años desde 1992 para una cartera compuesta en un 50% por renta variable mundial y en un 50% por renta fija mundial. A lo largo de este artículo, analizamos únicamente las carteras compuestas por acciones y bonos globales, representadas por el índice MSCI All Country World (ACWI) expresado en libras esterlinas (GBP) y el índice Bloomberg Global Aggregate cubierto en GBP, respectivamente. Aunque una cartera multiactivos permite muchos otros tipos de inversión, creemos que los resultados generales serían similares.

Rendimientos de la renta variable mundial, de la renta fija mundial y de una combinación al 50%

(Gráfico 2) Para los años seleccionados 1992-2022

Rendimientos de la renta variable mundial, de la renta fija mundial y de una combinación al 50%

A 31 de octubre de 2022.
La rentabilidad pasada no es un indicador fiable de rendimiento futuro.
Acciones globales: MSCI ACWI en GBP; bonos globales: índice Bloomberg Global Aggregate con cobertura en GBP. Se presupone que la cartera con una combinación 50/50 se reajusta anualmente.
Fuentes: Los datos del índice proceden de Bloomberg y MSCI (véase la Información adicional). Análisis realizado por T. Rowe Price.

Se observa que las pérdidas de una cartera tan supuestamente «mixta» en 2022 se habrían aproximado a las registradas en los peores momentos de la crisis financiera mundial de 2008. A diferencia de otros años difíciles, en 2022 las caídas afectaron tanto a la renta variable como a la renta fija mundial.

Un entorno de inversión cambiante

Sin embargo, las caídas de los mercados tienen un lado positivo. Las valoraciones de los mercados de renta variable y de renta fija, que marcaron máximos de varios años en muchos mercados a principios de 2022, se han desplomado con fuerza.

Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. a 10 años solo habían sido más bajos el 13% del tiempo en el periodo de 15 años hasta finales de 2021, pero esto ha cambiado radicalmente. Los rendimientos de la deuda pública, los diferenciales de crédito y los múltiplos de valoración de las acciones parecen ahora, en general, próximos o inferiores a los niveles medios observados durante el periodo.

Las valoraciones más bajas actuales se traducen en mayores rendimientos esperados en el futuro. En el caso de la renta fija, existe un estrecho vínculo entre los rendimientos y el rendimiento total esperado. El aumento de los rendimientos de la deuda pública y el aumento de los diferenciales de crédito tanto de los bonos investment grade como de los de high yield han hecho subir los rendimientos esperados a largo plazo para los inversores.

Nuestras expectativas de rendimiento de la renta variable combinan tres elementos clave: (1) los rendimientos de los diviendos, (2) las expectativas de inflación y de crecimiento de los beneficios reales y (3) la revalorización o los cambios en las valoraciones durante un periodo de previsión de cinco años. El principal motor de los cambios de estos elementos a lo largo de 2022 está relacionado con los futuros múltiplos de valoración esperados.

Los múltiplos más bajos implican más margen de subida en el futuro, lo que impulsaría los rendimientos de la renta variable. Para los mercados de renta variable fuera de EE. UU., muchos indicadores de valoración se sitúan ahora en los niveles más bajos de la última década o más.

Esta combinación de aumento de los rendimientos de los bonos y caída de las valoraciones de la renta variable significa que los rendimientos esperados han aumentado considerablemente para las carteras multiactivos. Este cambio en los potenciales rendimientos supone algo más que la restitución del optimismo de los inversores observado desde la pandemia. La subida de los tipos de interés oficiales está provocando un incremento del rendimiento de efectivo y de los rendimientos de la deuda pública de alta calidad. La incertidumbre acerca de la futura política monetaria, el crecimiento económico y los acontecimientos geopolíticos ha aumentado considerablemente, lo que ha llevado a los inversores a exigir mayores primas de riesgo por la compra de bonos y la adquisición de acciones.

Los inversores que buscan generar un determinado nivel nominal de rendimiento a largo plazo pueden necesitar ahora asignar menos a activos de riesgo. Si tenemos en cuenta nuestra cartera mixta de renta variable y renta fija mundial a finales de 2021, el objetivo de obtener un rendimiento esperado del 4% anual durante los próximos cinco años habría requerido una asignación del 65% a la renta variable mundial. El mismo rendimiento esperado habría requerido una asignación del 47% a la renta variable mundial en el cuarto trimestre de 2022.

En el lado negativo, ha aumentado el riesgo de mercado; dada la eliminación del apoyo de las políticas monetarias en la mayoría de las principales economías, creemos que este es probablemente un cambio estructural. Desde la crisis financiera mundial, los bancos centrales han inundado el sistema de liquidez, lo que ha calmado las preocupaciones de los inversores y ha reducido la volatilidad. Ahora se centran en la lucha contra la inflación y en la retirada de liquidez de los mercados, lo que a menudo pone nerviosos a los inversores y provoca movimientos contundentes en los precios. Creemos que los recientes niveles de volatilidad son la nueva normalidad y que es probable que el periodo de 2012 a 2019 haya sido atípico, como indica el gráfico 7. Es poco probable que los inversores estén preparados para esto. Como resultado, sus carteras pueden mostrar una variación en los rendimientos mayor de lo que esperan.

Cuando los inversores predicen la volatilidad utilizando en este período histórico como base para construir carteras, surgen problemas. Los resultados de las carteras que se han construido teniendo en cuenta un marco de volatilidad pueden presentar mayor riesgo de lo deseable en un nuevo entorno más inestable.

En el gráfico 8 se muestra la asignación a la renta variable mundial en una cartera de renta variable y renta fija mundial que habría proporcionado una volatilidad del 7% anual y del 10% durante dos periodos de tiempo: de 2010 a 2019 y de 2020 a 2022 hasta la fecha.

El gráfico 8 muestra el impacto que tendría un aumento de la volatilidad de las clases de activos incluso a nivel de cartera multiactivos. Una cartera con aproximadamente tres cuartas partes de renta variable mundial habría presentado una volatilidad de los rendimientos de alrededor del 10% anual durante la década de 2010. Desde finales de 2019, la volatilidad de dicha cartera habría sido superior al 15% anual, lo que supone un salto de más del 50%. Si esto persiste, es probable que los inversores tengan que asumir mayores riesgos o reducir la exposición a los activos que buscan rendimiento.

Este año también puede obligar a replantearse lo que supone la diversificación y la gestión del riesgo en un entorno más incierto; simplemente, no ha habido prácticamente ningún lugar donde los inversores hayan podido refugiarse. Como vemos en el gráfico 9, los beneficios de algunos refugios seguros tradicionales como la deuda pública de alta calidad, el oro y el yen japonés fueron mínimos comparados con los registrados, por ejemplo, durante los primeros días de la pandemia de coronavirus. El dólar estadounidense fue una rara excepción.

Por el contrario, áreas como la renta variable británica, algunos mercados emergentes y la deuda pública de China resistieron bien en términos de rentabilidad. Sin embargo, incluso para los inversores de estos países, los beneficios del sesgo nacional fueron limitados. La deuda pública británica ha sido uno de los principales mercados de renta fija que peor se ha comportado en lo que va de 2022, mientras que la renta variable china también ha quedado muy rezagada con respecto a sus homólogas mundiales en lo que va de año.
 

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