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Febrero 2023 / INVESTMENT INSIGHTS

¿Desinvertir o comprometerse a cumplir los compromisos climáticos?

La guerra entre Rusia y Ucrania, unido a la reciente contracción del suministro energético, han puesto claramente de manifiesto las inversiones en empresas de combustibles fósiles.

La guerra entre Rusia y Ucrania, unido a la reciente contracción del suministro energético, han puesto claramente de manifiesto las inversiones en empresas de combustibles fósiles. 236 gestoras de activos con casi 60 billones de USD de activos gestionados — incluida T. Rowe Price — han firmado la iniciativa Net Zero Asset Managers (NZAMI), 1

por la cual las gestoras se comprometen a respaldar el objetivo de lograr cero emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) hacia 2050 o antes, en consonancia con los esfuerzos globales para limitar el calentamiento a 1,5°C. 71 propietarios de activos que controlan más de 10 billones de USD se han apuntado a una iniciativa similar2.

Aunque para algunos la desinversión indiscriminada de activos asociados a combustibles fósiles podría parecer la forma más fácil de alcanzar los objetivos de carbonización, el temor a que se produzcan cortes de electricidad en toda Europa y cierres de industrias a raíz de las fuertes subidas de los costes energéticos ha llevado a algunos inversores a replanteárselo.

Por ejemplo, el Dutch Title Transfer Facility, el principal referente del gas en Europa, marcó un récord de 346€ / MWh en agosto, lo que supone un aumento superior al 1.200 % en quince meses, al apresurarse los compradores a llenar sus tanques de almacenamiento en previsión del invierno.

Paralelamente, la generación de energía basada en carbón ha vuelto a escena en toda la Unión Europea, según los datos de S&P Global3.

Ante esto, muchos se han replanteado algunos de los enfoques más toscos de la inversión en cambio climático. De acuerdo con el ex gobernador del Banco de Inglaterra Mark Carney, en su ponencia impartida en la conferencia de la COP 27 en noviembre de 20224, las crisis de las finanzas, la sanidad, la alimentación, la energía y la geopolítica suponen que «el mundo no puede desinvertirse para alcanzar cero emisiones netas».

Por lo tanto, ¿cómo conciliamos los objetivos de cero emisiones netas con los imperativos más inmediatos de ayudar a muchas familias afectadas por la escalada del coste de la vida? ¿Tiene sentido todavía el objetivo a largo plazo de reducir toda exposición de la cartera a empresas de combustibles fósiles?

La desinversión como herramienta

Ponentes de la conferencia online sobre inversión responsable más importante del mundo, «PRI in Person» & celebrada en Barcelona del 30 de noviembre al 2 de diciembre de 2022, se centró justamente en este espinoso asunto.

De acuerdo con María Elena Drew, directora de análisis e inversión responsable en T. Rowe Price, la desinversión de actividades y empresas intensivas en carbono debería ser una opción para todos los inversores, pero debería usarse con discreción.

«La desinversión, como norma, debería figurar en la agenda de todos», comentó Drew a los asistentes de la conferencia.

«Sin embargo, debo hacer algunas advertencias», agregó.

«En T. Rowe Price somos predominantemente gestores activos y más del 95 por ciento de nuestro patrimonio se encuentra en fondos activos». «Para nosotros, la desinversión no es una herramienta tan importante como lo sería para un gestor pasivo.

Mientras que los gestores pasivos deben mantener todos los valores del índice al que replican, viéndose obligados a eliminar de él a las empresas de combustibles fósiles para garantizar que no tengan exposición a ellas, los gestores activos gozan de una flexibilidad mucho mayor», afirma Drew.

«Al inicio de nuestro proceso, seleccionamos cuidadosamente los valores que formarán parte de la cartera», explica Drew, «además de evaluar meticulosamente la credibilidad de sus planes y objetivos estratégicos sobre cambio climático, al ser un componente central de nuestro análisis fundamental normal.

La necesidad de emplear métricas prospectivas

«Adoptar un enfoque demasiado rígido basado en métricas estáticas de huella de carbono puede poner en aprietos a un gestor de activos en otros aspectos», continúa Drew, que citó como ejemplo al sector de suministros.

«Las compañías de suministros tienen una intensidad en carbono extraordinariamente alta, definida como emisiones respecto a ingresos», afirmó.

«Y si posees títulos de alguna de ellas, sobre todo si estás sobreponderado en ese sector, tu cartera tendrá automáticamente una alta intensidad de carbono». Sin embargo, al mismo tiempo, estas compañías son las que realmente están aportando soluciones al cambio climático», afirmó Drew.

«Cuando se tiene ese objetivo concreto de reducción del carbono, quizás se desee vincular también las métricas de huella de carbono con otras métricas prospectivas», sugirió Drew.

«Por ejemplo, debemos fijarnos si la cartera cubre objetivos de cero emisiones netas y si participa en soluciones climáticas».

«El modo en que se miden las trayectorias de descarbonización también desempeña un papel importante para lograr el resultado correcto», agregó. Es importante combinar los fines de la desinversión con los objetivos prospectivos.

«Si se examina esos objetivos de reducción del carbono en un periodo de varios años, es posible que se logren sin reducir las posibilidades financieras y de rentabilidad», afirma.

Tener exclusivamente una política de desinversión puede limitar también sus efectos prácticos: más de la mitad de los que respondieron a una encuesta en vivo celebrada durante la conferencia creían que excluir de las carteras de inversión a productores de gases de efecto invernadero no influiría en las emisiones de carbono en el mundo real.

Objetivos de interacción

Si no es conveniente plantear la desinversión con una visión rígida y eliminar a ciertas empresas no debería emplearse como herramienta principal para descarbonizar las carteras, ¿qué enfoque deberían adoptar los gestores de activos?

«Lo que puede desempeñar un papel cada vez más crucial para lograr los objetivos de cambio climático es interactuar con las empresas incluidas en la cartera», afirmó la directora de análisis e inversión responsable de T. Rowe Price.

 

«Obviamente creemos que los diálogos con las empresas deberían centrarse en la descarbonización cuando los riesgos físicos y de transición asociados al cambio climático son elevados», dijo a los asistentes a la conferencia.

«Creemos que va a existir una conexión muy estrecha entre las empresas que lideran la descarbonización y la rentabilidad financiera» prosiguió.

Pero, ¿la interacción siempre implica que los accionistas deberían proponer a las empresas que vendan o cierren definitivamente sus activos intensivos en carbono? El debate puede matizarse, afirmó Drew, citando dos ejemplos.

«Si una empresa con una diminuta exposición al carbón térmico decide deshacerse de ella porque, de lo contrario, los gestores de activos se abstendrán de invertir en títulos de la empresa, ¿es esa una opción correcta? Cuando uno se deshace de la exposición al carbón o la liquida, surge un nuevo flujo de capital que entra en ese activo concreto. Drew puso como ejemplo la compañía minera BHP, que decidió finalmente no desinvertir sus activos de carbón térmico en Australia.

«Otro ejemplo es Shell, que cuenta con un activo desde la década de 1960 en el Delta nigeriano, donde los lugareños explotan los oleoductos para sacar petróleo, una actividad que ha causado contaminación a gran escala. Shell probablemente podría vender el activo, pero, ¿sería eso conveniente? El mejor escenario sería que esos oleoductos fueran correctamente mantenidos y supervisados para evitar fugas», afirmó Drew.

Dada la complejidad que revisten esas decisiones, es importante monitorizar y supervisar las interacciones, agregó.

«En T. Rowe Price todas las interacciones se plasman por escrito y se publican en nuestra plataforma de análisis», afirmó.

«Todos los analistas y gestores de cartera saben exactamente en qué estamos metidos, qué requisitos pendientes tenemos para esa empresa y el resultado de nuestra interacción. «Para los "próximos pasos" que podamos especificar, añadiremos un horizonte temporal concreto» afirmó Drew.

Los gestores activos mejor equipados

Una encuesta realizada al final de la sesión confirmó la capacidad de los gestores activos para emplear las actividades de tutela a efectos de guiar a las empresas participadas en sus trayectorias de transición.

Más de la mitad de los encuestados afirmó que los fondos de renta variable y deuda públicos de gestión activa eran los más idóneos para lograr reducciones de GEI en empresas de altas emisiones incluidas en la cartera.

Aproximadamente un tercio de los encuestados calificaron a los fondos de renta variable y deuda privados como bien posicionados, ya que solo un 3 % respondieron que los fondos pasivos podrían cumplir ese papel. 

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Hari Balkrishna Gestor de cartera asociado