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Abril 2020 / INVESTMENT INSIGHTS

Coronavirus: señales a las que estar atentos

Cómo está cambiando el virus la inversión en salud

Puntos clave

  • El nuevo coronavirus está resultando ser más contagioso, pero menos mortal de lo que se creía inicialmente.
  • Varios tratamientos en desarrollo parecen prometedores y probablemente sirvan de puente a una posible vacuna.
  • Seguimos atentos al efecto de la pandemia en el sector, pero seguimos invirtiendo en diversas terapias y servicios que deberían mejorar los resultados y reducir los costes.


En un intento por anticipar la evolución de la pandemia de coronavirus y su impacto el sector sanitario, nos valemos de la formación científica y médica de los miembros de nuestro equipo para recabar información y tener perspectivas. Nuestra experiencia conjunta resulta valiosa al consultar a expertos en enfermedades, incluidos epidemiólogos, virólogos, antiguos responsables de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. y médicos en primera línea de tratamiento a pacientes. El diálogo frecuente con los equipos directivos de las empresas sigue siendo un elemento clave de nuestro proceso de inversión. Mantenemos un estrecho contacto con las compañías que están desarrollando vacunas y tratamientos, así como las enfocadas en los test y otros suministros relacionados con el virus.
 

Lo que estamos aprendiendo sobre el virus

Dado que el virus solo lleva cinco meses en los humanos, el conocimiento que tiene la comunidad científica de variables clave —incluida la infecciosidad y mortalidad del virus, así como el tipo de respuesta del sistema inmune humano— sigue evolucionando. En nuestro análisis de la investigación, hemos tratado de determinar repetidamente las hipótesis más probables de evolución de la pandemia a medida que mejora nuestro conocimiento del virus. Afortunadamente, hemos podido descartar los peores escenarios, pero también consideramos poco probable que el mundo pueda volver pronto a la normalidad.

La diferencia entre un R0 de dos y seis puede ser la diferencia entre miles o unos millones de infecciones en un corto espacio de tiempo.

Nuestra conclusión general es que el nuevo coronavirus parece cada vez más contagioso, pero menos mortal de lo que indicaban las primeras evidencias de China. La variable más importante de los modelos epidemiológicos es la tasa de transmisión, representada por R0, o la cifra media de personas a las que puede contagiar una persona contagiada. La diferencia entre un R0 de dos y seis puede ser la diferencia entre miles o unos millones de infecciones en un corto espacio de tiempo. Como referencia, el R0 de la gripe es de entre uno y dos; en el lado opuesto de la escala, el R0 del sarampión oscila entre 12 y 18.

Hasta la fecha, estimamos que el R0 de la covid-19, la enfermedad provocada por el coronavirus, se sitúa en algún punto entre tres y muy por debajo de diez. La enfermedad es muy contagiosa debido a varios factores: el largo periodo de incubación, la gran proporción de pacientes asintomáticos y la capacidad del virus para sobrevivir durante largos periodos en superficies e incluso en el aire.
 

La tasa de mortalidad es probablemente de un 1% o inferior

La evidencia acumulada sobre la tasa de mortalidad del virus resulta más alentadora. Las primeras noticias provenientes de China apuntaban a una tasa de mortalidad de hasta el 3%, pero ahora es evidente que esta cifra presentaba un denominador sesgado debido a la falta de pruebas. En efecto, en los pocos casos en los que se han realizado test a más del 10% de la población, la tasa de mortalidad ha sido de solo el 0,5% o menos.

La consecuencia más importante es que el número de personas contagiados es mucho mayor que el número de casos comunicados y, a medida que el número de fallecidos sigue aumentando, también lo hace el porcentaje probable de población que se ha contagiado. Sin embargo, el número de fallecidos actual indica que solo una pequeña parte de la población es ahora inmune por haberse contagiado, lo que implica que aún estamos lejos de lograr la «inmunidad de grupo». De acuerdo con la experiencia de anteriores epidemias, al menos el 60% de la población debe infectarse para frenar el virus sin una vacuna u otras medidas. Presuponiendo una tasa de mortalidad del 0,5%, estaríamos hablando de 1 millón de muertos en EE. UU. (330 millones de habitantes x 0,6 x 0,005) si no se adoptan medidas como el distanciamiento social y no se desarrollan tratamientos.
 

La evolución de la pandemia en los próximos meses

El virus parece haber provocado menos fallecidos en los países cálidos, lo que se ajusta al patrón de los virus respiratorios, que normalmente se propagan en condiciones de frío y sequedad. Somos optimistas al pensar que el número de nuevos contagios en EE. UU. Disminuirá considerablemente a finales del verano. En qué medida volverá el virus después, en otoño, dependerá de la eficacia y la duración del confinamiento actual, la disponibilidad de test y los nuevos tratamientos que estén ampliamente disponibles entonces. Es probable que los esfuerzos de mitigación y mejores pruebas limiten los brotes regionales, como ha sucedido en Hong Kong y Singapur. Aunque las personas anteriormente expuestas podrían volver a contagiarse, la experiencia con otros virus sugiere que la gravedad de la enfermedad debería ser mucho menor.

Los cambios de comportamiento, especialmente el uso generalizado de mascarillas, también serán claves para limitar las futuras oleadas de infecciones. Los gobiernos afirmaron primero que no eran eficaces para evitar el acaparamiento por parte de los ciudadanos y reservarlas para los trabajadores sanitarios. Sin embargo, está claro que las mascarillas corrientes, aunque no sean tan eficaces como los respiradores N95, ofrecen cierto grado de protección. Las autoridades tendrán que cambiar su mensaje de no llevar mascarillas, manteniendo la confianza del público, un ejercicio que se antoja complicado.
 

La disponibilidad de tratamientos eficaces

El desarrollo de tratamientos eficaces para los pacientes de covid-19 será crucial en los próximos meses, tanto para evitar muertes como para tranquilizar a la gente de que es seguro volver a hacer una vida normal. Afortunadamente, muchas compañías biotecnológicas están enfocadas en el desarrollo de tratamientos, algunos de ellos prometedores.

El foco se ha centrado especialmente en remdesivir, de Gilead Sciences, uno de los antivirales de acción directa (ADD) diseñados para bloquear la reproducción del virus. Los ADD han demostrado cierta eficacia en el tratamiento de virus relacionados, como el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS). Sin embargo, los ADD pueden hacer que el virus mute y estos fármacos funcionan mejor en las primeras fases de la enfermedad, cuando el impacto de inhibir la reproducción del virus es mayor. Tamiflu, el exitoso medicamento de Roche, por ejemplo, solo puede usarse durante las primeras 48 horas de contagio de la gripe.

Una vacuna dirigida a una proteína espicular en el coronavirus —que utilice un método de «subunidades» tradicional— parece lo más probable.

Otro tipo de tratamiento consiste en el uso de anticuerpos para combatir la enfermedad. Estos pueden obtenerse del plasma de aquellos que se han recuperado del virus, pero dependen de que haya un ratio favorable entre donantes y pacientes. Para sortear el problema, las compañías trabajan con métodos escalables, utilizando ratones modificados para simular la respuesta inmune de los seres humanos. Incluso en ese caso, el número resultante de tratamientos con anticuerpos probablemente sería de solo unos millones, por lo que previsiblemente se utilizarían con fines profilácticos para los trabajadores sanitarios y otros grupos de alto riesgo.

La carrera por la vacuna se encuentra en sus etapas iniciales

Los que están proceso de desarrollo se incluyen en tres categorías.

La carrera por la vacuna se encuentra en sus etapas iniciales

Fuente: T. Rowe Price.

Por último, medicamentos actuales de Roche y Regeneron podrían mermar la cascada inmunológica en las fases finales de la enfermedad, el denominado síndrome de liberación de citoquinas, que puede resultar mortal en algunos casos. Los inhibidores Interleucina-6 (IL-6) desarrollados por ambas compañías para tratar enfermedades inflamatorias y cánceres parecen ofrecer posibilidades razonables de reducir la gravedad de la reacción inmune del cuerpo humano al coronavirus.
 

Perspectivas para una vacuna

La esperanza es que estos tratamientos sirvan de puente hasta el momento definitivo de la crisis: el desarrollo de una vacuna eficaz. Afortunadamente, el éxito de una vacuna parece probable, ya que tenemos un objetivo relativamente estable. Hasta la fecha, nos hemos enfrentado a una única cepa del virus y los coronavirus no tienden a mutar significativamente.1

Una vacuna dirigida a una proteína espicular en el coronavirus —que utilice un método de «subunidades» tradicional— parece lo más probable. El punto débil de las vacunas de subunidades es que la inmunidad podría no ser tan resistente como con otras tecnologías, pero la tecnología se caracteriza principalmente por varias vacunas comercializadas con éxito, como las de la hepatitis B, el virus del papiloma humano y la gripe estacional. Dada la amplitud de esfuerzos que se llevan a cabo en ese terreno, es probable que se desarrolle más de una vacuna, debido a la gran cantidad de población que necesita inocularse rápidamente.

La necesidad de evitar atajos con respecto a la seguridad de la vacuna —puesto que tendrán que suministrarse miles de millones de dosis— implica que puede que tenga que pasar más tiempo de los 12 a 18 meses publicados en prensa hasta contar con una vacuna ampliamente disponible. Las pruebas deben ser lo suficientemente grandes para poder detectar efectos inusuales, pero potencialmente desastrosos para una demografía muy variada, como niños, mujeres embarazadas y personas mayores.
 

Oportunidades y desafíos de inversión ante la respuesta de las empresas to COVID‑19

Muchas compañías biotecnológicas y farmacéuticas que están desarrollando tratamientos o una vacuna para la covid-19 han atraído el interés de los inversores y su valoración parece más basada en la esperanza que en las posibilidades realistas de éxito clínico o comercial. Inicialmente, cuando el mercado se desplomó, aprovechamos los desajustes e ineficiencias generadas por las liquidaciones y ventas inducidas por el pánico. Nuestro proceso no ha cambiado: Seguimos invirtiendo en empresas que consideramos que están bien gestionadas, con nuevos productos disruptivos potenciales y las que tienen plataformas de I+D productivas y de eficacia demostrada.

En efecto, el impacto a largo plazo de la crisis será probablemente que los inversores otorguen una prima aún mayor a las plataformas de innovación y de nuevos medicamentos. Esto podría provocar una ampliación aún mayor del diferencial de las valoraciones de medicamentos de alto valor y bajo valor. Ante la aceleración de la innovación biofarmacéutica —siendo este uno de los pocos ámbitos que ha resistido bien durante la pandemia—, esperamos que siga habiendo nuevas oportunidades de inversión significativas en forma de ofertas públicas de venta.
 

¿Una nueva perspectiva en el equilibrio entre el precio de los medicamentos y la innovación?

En ese sentido, el claro enfoque en la importancia del desarrollo de medicamentos durante esta crisis probablemente cambiará la percepción pública sobre el equilibrio entre precios de medicamentos e innovación. La reducción del exceso de reglamentación podría favorecer a las valoraciones del sector. Del mismo modo, la disminución del riesgo político mediante una reforma a fondo del sistema sanitario de EE. UU. podría dar un impulso a las compañías de gestión sanitaria, al menos a medio plazo.

Seguimos atentos a otros cambios probablemente más específicos para empresas y sectores. Ahora que la salud a distancia ha demostrado su viabilidad y ahorro de costes, la atención sanitaria virtual ganará peso. Asimismo, es probable que los pacientes apuesten por medicamentos administrados por vía subcutánea en caso, en lugar de por vía intravenosa en los centros médicos. Además, la gente está recurriendo a la mascotas en busca de consuelo y compañía, lo que beneficiará a las empresas dedicadas a la salud animal.

En general, seguimos invirtiendo en tratamiento para enfermedades y trastornos muy diversos que tratan de mejorar el nivel de atención y satisfacer necesidades médicas incumplidas, así como servicios que mejoran el acceso y la accesibilidad a la atención sanitaria. Confiamos en que nuestro énfasis en una perspectiva a largo plazo y la identificación de ideas de inversión mediante el análisis fundamental bottom up debería seguir añadiendo valor a nuestros clientes.
 

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