Marzo 2020 / INVESTMENT INSIGHTS

Manual de Crisis (Volumen II) — El poder de “dejar de empeorar”

Mirando más allá para encontrar los mejores resultados para los clientes

Pensamos que el coronavirus se extendería, por lo que actuamos pronto. Nos apresuramos a reducir los riesgos de la cartera que no eran propicios ante un deterioro del entorno y neutralizamos los problemas de balance todo lo posible. Orientamos nuestra plataforma de análisis global a la búsqueda de los valores que nos gustaría tener en cartera en caso de que esta crisis se agravara, pero también para cuando salgamos de ella.

Cuando se trata de reducir riesgos, cuanto antes mejor. ¿Por qué? A medida que la crisis avanza, las oportunidades a largo plazo pueden volverse potencialmente más interesantes. Esta crisis no es diferente.

La paralización de la actividad económica es demasiado potente para que la economía mundial aguante sin resentirse significativamente.

A nuestro juicio, la Global Focused Growth Equity Strategy es una herramienta que ofrece exposición a ideas de inversión atractivas, sin descuidar nunca valores concretos de alta convicción ni la mitigación de riesgos individuales y conjuntos. En las últimas semanas hemos introducido cambios en la estrategia y, lo que es más importante, estamos satisfechos con su posicionamiento actual a medio y largo plazo.
 

Un panorama complicado a corto plazo

Creemos que el mundo entrará en recesión en los próximos 3-6 meses. La paralización de la actividad económica es demasiado potente para que la economía mundial aguante sin resentirse significativamente. Con todo, creo que será un tipo de recesión diferente. Entrañará una desconexión fundamental entre valor económico a largo plazo (el valor presente del flujo de caja libre) y el grave impacto de obligaciones financieras a corto plazo (alquileres, pagos de intereses y de principal, nóminas, etc.). No se trata de una crisis de deuda, ni tampoco ninguna fase de un ciclo económico normal, debido precisamente a la causa origen de la misma.

Por lo general, la renta variable toca fondo cuando el entorno económico “deja de empeorar”, no cuando los datos económicos o de beneficios empresariales tienden a mejorar. Teniendo esto en cuenta, debemos fijarnos en signos que indiquen cuándo “dejará de empeorar”, en lugar de centrarnos en la eliminación de todo riesgo hasta que las cosas mejoren.

A nuestro juicio, hay tres señales clave de las que conviene estar pendientes:

    1. Estímulos fiscales y monetarios masivos y prácticamente ilimitados.

Ya estamos viendo un rápido desarrollo de este escenario en todo el mundo. Los gobiernos y las autoridades económicas han aprendido la lección de la crisis financiera mundial. Los estímulos son necesarios para solucionar el desfase entre el valor económico a largo plazo y las obligaciones financieras más inmediatas. De la misma manera que uno apoya personalmente a un negocio local durante una crisis, esperamos que los gobiernos protejan el empleo en sus respectivos países. A dicho efecto, se están planificando o anunciando enormes paquetes fiscales y de apoyo en todo el mundo. La crisis provoca cambios y requiere de apoyo fiscal y monetario, además de tipos de interés más bajos. Los gobiernos tienen la voluntad y los balances para hacerlo.

    2.  Tratamiento y prueba del virus.

Si bien una vacuna no parece probable a corto plazo, los tratamientos deberían empezar a mejorar en los próximos meses y las pruebas a generalizarse. Nuestro equipo de análisis del sector salud ha estado realizado un trabajo increíble estudiando el avance en estos ámbitos y trazando resultados probables.

    3.  Puntos de inflexión en las tasas de infección.

Las cosas empeorarán, especialmente en el mundo desarrollado que va por detrás de China y el resto de Asia. En el caso de algunos países, el “punto de inflexión de este virus” está aún por llegar y veremos la implementación de medidas cada vez más restrictivas. Con todo, debería haber una fuerte correlación entre los máximos de las tasas de infección y los mínimos en los precios de la renta variable. Las tasas de infección en Estados Unidos deberían tocar máximos en los próximos dos meses, atendiendo a la aceleración de las restricciones de la cuarentena y del distanciamiento social. Si la gente se toma esto en serio, sabemos que las tasas de infección tocarán pico y, a este respecto, la experiencia de Asia es útil.

Estas tres señales son indicadores que pueden apuntar al inicio de un período de “dejar de empeorar”: el punto de inflexión de la crisis. Es probable que las bolsas toquen fondo a medida que estos factores se alineen, y queremos estar posicionados adecuadamente llegado el momento.
 

Por lo general, la renta variable toca fondo cuando el entorno económico “deja de empeorar”, no cuando los datos económicos o de beneficios empresariales tienden a mejorar.


Mirando al futuro

Mirando más allá de la disrupción inmediata de la economía mundial, tenemos que imaginarnos lidiando con este virus a largo plazo y cómo podría cambiar el mundo. Creemos que existe una alta probabilidad de que se desarrolle una vacuna. Tenemos fe en la ciencia y en el ingenio humano. Pero esto aún podría tardar otros 12 meses o más. Por el camino, algunas empresas se recuperarán rápidamente conforme se normalice la crisis, mientras que a otras les llevará más tiempo. Es importante centrarse en aquellas que pueden recuperarse con mayor rapidez, pero al mismo tiempo, hemos de comprender cabalmente el valor real de las empresas que pueden tardar más, para luego elegir dónde conviene más invertir.

También queremos centrarnos en empresas que registrarán un impulso fundamental acelerado dentro de sus sectores como resultado directo del impacto del coronavirus. Esta crisis va a permitir una experimentación que podría traducirse en cambios de comportamiento potencialmente duraderos dentro de la sociedad. Si podemos servirnos de nuestra plataforma de análisis global para identificar las empresas que se beneficiarán de esto, podemos ponernos por delante de la curva. Muchas de estas empresas se hallarán probablemente en los sectores tecnológico y de salud.

Por último, ¿qué consecuencias tendrán los estímulos fiscales y monetarios masivos en los tipos de interés y el sector financiero? ¿Estamos empezando a ver el efecto expulsión? ¿Están la demanda pública de efectivo y la fricción en la economía traduciéndose en inflación y tipos de interés más altos, obrando en sentido contrario que las fuerzas de la tecnología ampliadoras de capacidad y los factores demográficos generadores de deflación? Será necesario abordar todas estas cuestiones.

La cuestión a la que nos enfrentamos en el día a día es cómo invertir en función de las circunstancias para ayudar mejor a nuestros clientes.

Como señalé en mi última entrada del blog Perspectivas de T. Rowe Price Manual de Crisis — El temor a la pérdida y al arrepentimiento, mi experiencia es que los inversores suelen lamentar no comprar grandes activos en tiempos de crisis. Aun siendo respetuosos con el control de riesgos, tanto nuestra experiencia como nuestro marco de inversión nos dicen que si nos centramos en los grandes activos situados del lado correcto del cambio, podremos obtener recompensas a largo plazo.

La recesión provocará dificultades económicas y su origen es claramente aterrador. La cuestión a la que nos enfrentamos en el día a día es cómo invertir en función de las circunstancias para ayudar mejor a nuestros clientes. Nuestro objetivo sigue siendo el mismo: proporcionar a nuestros clientes un vehículo con el que sacar partido de la creación de valor a largo plazo de las empresas de calidad, sopesando al mismo tiempo riesgos y recompensas.

Este es el momento en el que debería brillar la gestión activa, tanto reduciendo riesgos bajistas como generando valor, abriéndonos camino en esta crisis.

 

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