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Marzo 2020 / INVESTMENT INSIGHTS

Renta variable asiática: más allá del coronavirus

La volatilidad podría brindar oportunidades a los inversores a largo plazo

PUNTOS CLAVE

  • Mantenemos nuestro optimismo con respecto a las perspectivas a largo plazo de la renta variable de Asia (excluido Japón), a pesar de la disrupción e incertidumbre a corto plazo provocadas por el COVID-19.
  • La intervención inmediata de las autoridades económicas, tanto de China como de otros países asiáticos, respalda nuestras optimistas perspectivas a largo plazo, si bien la volatilidad de mercado podría persistir durante algún tiempo.
  • En nuestra opinión, la región de Asia (excluido Japón) sigue brindando excelentes oportunidades a los inversores a largo plazo en empresas de máxima calidad y fuerte potencial de beneficios.


A pesar de la disrupción e incertidumbre a corto plazo debidas al nuevo coronavirus (COVID-19), seguimos siendo optimistas con respecto a las perspectivas a largo plazo de la renta variable de Asia (excluido Japón). Esperamos que la reacción inmediata al brote de las autoridades económicas, tanto de China como de otros países asiáticos, junto con la recuperación cíclica de las industrias mundiales del automóvil y semiconductores, además del continuado apoyo monetario y de liquidez de los bancos centrales, respalden nuestra visión positiva del panorama a más largo plazo. Si bien la volatilidad de mercado podría persistir hasta que veamos indicios más claros de que el brote de coronavirus está bajo control en China y en otras plazas especialmente afectadas por el COVID-19 de la región, como Corea del Sur, cualquier corrección significativa de los valores asiáticos de alta calidad debida a los temores suscitados por el COVID-19 podría brindar una excelente oportunidad a los inversores a largo plazo como nosotros.

A mediados de enero, los inversores tuvieron que lidiar con el brote de coronavirus (COVID-19) en China, el cual, desde entonces, se ha propagado a un creciente número de países en el resto del mundo. El impacto total en las economías mundiales y regionales está aún por determinar. Y lo seguirá estando hasta que podamos hacernos una idea más clara de la duración y gravedad del COVID-19 en cada país y del grado en que está interrumpiendo las cadenas de suministro mundiales.

Justo cuando las noticias de China sobre la contención del brote estaban empezando a mejorar, el creciente número de casos en Corea del Sur y Japón ha complicado considerablemente las perspectivas de la región. Corea y Japón ocupan un lugar destacado en las cadenas de suministro asiáticas y las restricciones derivadas de la cuarentena en estos países podrían retrasar los esfuerzos de China para volver a la normalidad, al restringir las importaciones de bienes intermedios clave, especialmente de componentes electrónicos.


Respuesta inmediata de las autoridades económicas chinas

China reaccionó de inmediato a comienzos de febrero, poniendo en marcha medidas para respaldar la economía. Confiamos en que las políticas aplicadas por China sean suficientes para revertir gran parte del daño infligido en la economía por el COVID-19, aunque es posible que sus efectos no empiecen a sentirse hasta la segunda mitad del año. A nuestro juicio, Pekín hará cuanto pueda para evitar un aterrizaje duro de la economía, ya que mantener la estabilidad social es de vital importancia para Xi Jinping y el gobierno chino.

A principios de febrero, las autoridades chinas anunciaron un paquete de 30 medidas financieras diseñadas tanto para prestar apoyo a la economía como para aliviar parte de las presiones provocadas por el coronavirus. El banco central de China, el Banco Popular de China, recortó en 10 puntos básicos el tipo de interés a corto plazo e inyectó 1,2 billones de RMB de liquidez en el sector bancario. Estas primeras medidas tenían por objeto aliviar en una cierta medida las tensiones financieras inmediatas asegurando una amplia liquidez en los mercados monetarios y de crédito y prestando ayuda a empresas y titulares de hipotecas con dificultades financieras puntuales con bonificaciones de intereses y periodos de gracia en los préstamos. Los bancos de desarrollo y de política, que financian proyectos de Estado, como el Banco de Desarrollo de China, el Banco de Exportación-Importación y el Banco de Desarrollo Agrícola, se comprometieron a conceder más créditos para respaldar la economía. Wuhan, la ciudad en el epicentro del brote de coronavirus, recibió préstamos del gobierno central por valor de 300.000 millones de RMB. Un buen número de gobiernos provinciales y locales de China anunciaron medidas financieras en apoyo de sus economías locales.

A nuestro juicio, Pekín hará cuanto pueda para evitar un aterrizaje duro de la economía.


En definitiva, una vez tenida en cuenta la eventual recuperación del segundo semestre impulsada por las políticas públicas, el impacto negativo en el crecimiento del PIB de China en el conjunto del ejercicio 2020 podría resultar limitado. De momento, no obstante, los economistas de China están rebajando sus previsiones de crecimiento para 2020, por lo general, entre un 0,5% y un 1,0%. Atendiendo a sus recientes discursos, está claro que el presidente Xi Jinping sigue queriendo lograr el objetivo a largo plazo de China de duplicar su PIB per cápita de 2010 en 2020, lo que popularmente se asocia a convertir a China en un “país moderadamente próspero”. Tras las últimas revisiones de los datos de PIB históricos de referencia, el crecimiento de este año debería situarse en torno al 5,6% para conseguir el objetivo de Xi Jinping y anotarse una victoria política. Esto podría parecer difícil a día de hoy, pero aún sería posible si se aplican estímulos adicionales.
 

El SARS podría revelarse una referencia inadecuada

Para los inversores en renta variable asiática, el punto clave a destacar es que, si bien el COVID-19 podría provocar un shock económico mayor que el del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), no por ello dejará de ser un evento puntual aislado. Como tal, el impacto en China y otras economías asiáticas debería empezar a revertirse una vez que el brote se desvanezca y los estímulos económicos surtan efecto más avanzado el año. A nuestro juicio, un descenso temporal de la actividad económica en el primer semestre del año no debería tener un impacto duradero en el positivo comportamiento económico de Asia a largo plazo. Desde los años 80, Asia (excluido Japón) viene aportando un porcentaje cada vez mayor al crecimiento del PIB mundial, una tendencia que esperamos que se mantenga (Gráfico 1).

Tras marcar máximos los casos de SARS en 2003, los mercados de renta variable tocaron fondo y empezaron a repuntar incluso antes de que mejoraran los datos económicos una vez comprobado que el brote estaba siendo controlado (Gráfico 2). Inicialmente se esperaba una secuencia similar de acontecimientos para el coronavirus en 2020, pero la posterior propagación del COVID-19 a más países es un nuevo factor que los mercados tienen que digerir.

También hay varias diferencias clave entre las circunstancias actuales y las prevalecientes en la época del SARS. Sobre todo, China es ahora un motor de crecimiento mucho más importante para Asia y la economía mundial que en 2003, cuando un fuerte repunte mundial ayudó a amortiguar el impacto negativo del SARS en China, gracias a la gran demanda de exportaciones chinas. Actualmente, el crecimiento mundial es más moderado. La economía China está igualmente más orientada al consumo y a los servicios que en 2003, lo que significa una mayor sensibilidad regional a la reducción del gasto en turismo, transporte, viajes y entretenimiento. Las cotizaciones de los valores de estos sectores ya se han ajustado a la crisis del COVID-19.

Asia destaca en un mundo de bajo crecimiento

(Gráfico 1) Asia (excluido Japón)como porcentaje del crecimiento del PIB mundial

Asia destaca en un mundo de bajo crecimiento

A 31 de diciembre de 2019.
Fuente: Banco Mundial/Haver Analytics.

A día de hoy, la mayor incertidumbre radica en la disrupción de las cadenas de suministro mundiales tras el cierre de las fábricas chinas después del Año Nuevo Lunar y las estrictas restricciones de viaje y cuarentena en el país. Por el lado de la oferta, en 2003 no hubo un cierre generalizado de fábricas, como sí ha sucedido ahora con el coronavirus. En esta fase, no es posible calibrar el alcance total de las disrupciones potenciales de las cadenas de suministro en industrias como las de semiconductores y del automóvil. Las últimas recientes sugieren que hasta el 70% de las fábricas de China podrían haber reanudado la producción a principios de marzo, aunque no todas estarán operando a su capacidad normal, ya que, a su vuelta, los trabajadores migrantes tendrán que pasar dos semanas en cuarentena.

Según encuestas recientes, hasta un 70% de las fábricas de China podrían reanudar la producción a principios de marzo.


Beneficios empresariales en Asia (excluido Japón)

Aparte de la incertidumbre económica generada por el coronavirus, tampoco hay certeza en las perspectivas de beneficios a corto plazo para Asia, excluido Japón. Si bien en los últimos años la región ha decepcionado en cuanto a beneficios empresariales en comparación con los mercados desarrollados, antes del brote de coronavirus las perspectivas de beneficios habían mejorado gracias a una recuperación de los márgenes y a una mayor disciplina en gasto de capital. La estimación de consenso de crecimiento de los beneficios empresariales en 2020 se sitúa actualmente en torno al 16% (índice FTSE Asia ex-Japan, a 25 de febrero. Véase Gráfico 3). Si bien la cifra global se revisará a la baja conforme los analistas ajusten sus estimaciones al COVID-19, los valores más susceptibles de verse afectados ya han caído sustancialmente en bolsa. Así pues, podrían ser menos sensibles a futuros recortes en las estimaciones de beneficios de los analistas para 2020, por lo que brindarían una oportunidad de inversión potencial.
 

Los inversores en activos asiáticos deberían “ver más allá” de la crisis actual

Nuestro consejo a los inversores es “ver más allá” de la disrupción y debilidad de los datos económicos a corto plazo provocadas por el coronavirus. Siguiendo nuestro enfoque de inversión a largo plazo en Asia basado en fundamentales, preferimos no sucumbir a distorsiones de mercado a corto plazo tipo COVID-19. Con esto en mente, no es probable que introduzcamos cambios sustanciales en nuestras estrategias de renta variable asiática. Ahora bien, nuestro énfasis bottom-up en fundamentales, hace que nos sintamos cómodos tomando posiciones en China y otros mercados asiáticos que, a nuestro juicio, han sufridos correcciones excesivas debido al sentimiento negativo de los inversores a raíz del brote de coronavirus.

Nuestro consejo a los inversores es ‘ver más allá’ de la disrupción y debilidad de los datos económicos a corto plazo provocadas por el coronavirus.

El argumento de inversión a largo plazo en Asia (excluido Japón) no ha cambiado. Los inversores extranjeros siguen muy infraponderados en China, la segunda economía más grande del mundo y la de mayor éxito en Asia. Se prevé que la contribución de China al crecimiento mundial siga siendo importante, ya que continúa superando a las economías desarrolladas. A medio plazo, pensamos que China podría seguir transformando con éxito su economía, logrando un equilibrio adecuado entre la estabilización del crecimiento y el desapalancamiento financiero. El énfasis de China en una mayor autosuficiencia, instando a las empresas a avanzar en la cadena de valor y el giro hacia el consumo interno son factores positivos de crecimiento a largo plazo para la región.

Los mercados asiáticos antes del SARS y ahora

(Gráfico 2) El índice MSCI AC Asia ex Japan y el número de casos nuevos.

Los mercados asiáticos antes del SARS y ahora

La rentabilidad pasada no es un indicador fiable de rendimiento futuro.
A 21 de febrero de 2020.
Fuentes: MSCI (véanse las notas informativas adicionales), autoridades sanitarias chinas, análisis de datos de T. Rowe Price.

En Asia, preferimos compañías que generan caja y demuestran que pueden seguir ganando cuota de mercado y haciendo crecer sus beneficios, independientemente de las incertidumbres macroeconómicas o de política comercial. Como resultado, nuestra cartera suele estar naturalmente sesgada hacia empresas centradas en el mercado interno que esperan beneficiarse del fuerte crecimiento de las rentas disponibles en Asia. Con todo, mantenemos la intención de seguir vigilando de cerca la evolución de las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China y su posible impacto en los beneficios empresariales.
 

Se espera que la política fiscal china impulse el crecimiento regional

Es probable que la política fiscal de China impulse el crecimiento de 2020 en la región de Asia (excluido Japón). La puesta en marcha de estímulos fiscales, como inversión adicional en infraestructura financiada vía deuda pública local con propósito especial, habrá de esperar hasta que el brote haya sido contenido suficientemente como para que las fábricas y el sector de la construcción reanuden su actividad. Es probable que otros países asiáticos recurran a las herramientas de política fiscal disponibles para proteger sus economías del COVID-19. Singapur y Hong Kong han aprobado presupuestos expansionistas, y se espera que Corea del Sur siga su ejemplo con un paquete fiscal de en torno al 0,5% del PIB.

Crecimiento del BPA en Asia en 2019 y 2020

(Gráfico 3) Contribución por país al crecimiento regional del BPA de Asia (excluido Japón).

Crecimiento del BPA en Asia en 2019 y 2020

A 25 de febrero de 2020.
Fuente: HSBC Global Research.
Basado en el índice FTSE Asia ex-Japan.

No obstante, sigue habiendo mucha incertidumbre sobre el impacto del COVID-19 y las respuestas de política económica. Por consiguiente, cabe esperar que los mercados de valores de Asia y otras regiones sigan registrando volatilidad en los próximos meses. Tras su reciente corrección, las valoraciones en los mercados de renta variable de Asia (excluido Japón) parecen razonables, si no baratas, tanto en términos históricos como en comparación con los mercados desarrollados.

En nuestra opinión, la región de Asia (excluido Japón) sigue brindando excelentes oportunidades a los inversores a largo plazo en empresas de máxima calidad y fuerte potencial de beneficios. Muchos de nuestros títulos favoritos se han visto respaldados por fuertes tendencias de demanda interna que no deberían verse afectadas por el coronavirus más allá del corto plazo y, además, son menos vulnerables a la reanudación de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China.

 

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