INVESTMENT INSIGHTS

Los bancos centrales no se han quedado sin margen de maniobra

Nikolaj Schmidt , Chief International Economist

Actualmente parece haber un gran cinismo sobre la capacidad de los bancos centrales para influir en el crecimiento mundial. Cada vez son más las personas que parecen creer que las rebajas de tipos ya no son tan eficaces como lo fueron en el pasado y que, por tanto, los bancos centrales son realmente impotentes. Discrepo.
 

¿Por qué? Bueno, pienso que es importante comprender el contexto. Durante más de una década, el crecimiento mundial se ha visto reducido por un tipo u otro de desapalancamiento (y con "desapalancar", entiendo  reducir el ritmo de crecimiento del crédito hasta el nivel del crecimiento del producto interior bruto nominal y no reducir el nivel global de crédito en circulación). El desapalancamiento se ha producido en cuatro fases: la crisis financiera mundial; la crisis de la zona euro; el ‘taper tantum’ (con esta expresión inglesa se hace referencia a las turbulencias financieras que siguieron al anuncio de la Reserva Federal de EE. UU. de una posible reducción anticipada de sus compras de bonos), que afectó principalmente a los países de mercados emergentes (excl. China); y la actual ola de desapalancamiento chino. Estas fases de desapalancamiento han supuesto otros tantos frenazos en seco para la economía mundial, uno tras otro, durante estos últimos 11 años. Sin que a fecha de hoy haya habido ningún reapalancamiento sustancial de la economía real para contrarrestarlos.


Además de esto, la economía mundial ha tenido que lidiar con una serie de shocks de incertidumbre en los últimos años. Brexit, auge del populismo, guerras comerciales —todas ellas dudas que merman la capacidad de consumidores y empresas para prever con cierta seguridad escenarios futuros, lo que ha restado crecimiento vía una menor inversión en activo fijo.
 

Ante estos formidables obstáculos, no es de extrañar que las bajadas de tipos de los bancos centrales hayan tenido un impacto en el crecimiento inferior al que normalmente cabría esperar. Sin embargo, esto no significa que los recortes de tipos se hayan vuelto inherentemente menos eficaces; más bien, no han mostrado tan potentes como en el pasado, debido al contexto en el que han sido aplicados.
 

En mi opinión, las bajadas de tipos de los bancos centrales pueden ser todavía muy eficaces y la fase actual de relajación monetaria tiene el potencial de ofrecer un apoyo a la economía mundial bastante mayor de lo que creen los cínicos. En ausencia de nuevos contratiempos que agraven la incertidumbre, creo que nos acercamos a un punto de inflexión en el crecimiento en el que la flexibilización de las condiciones financieras podría llegar a la economía real, reactivando el gasto en bienes duraderos y la inversión en activo fijo. Esto debería ayudar a conjurar la recesión durante algún tiempo, posiblemente hasta tres años.
 

En algún momento habrá recesión, pero es posible que la próxima recesión no sea tan grave como en 2008 y probablemente será más suave que en 2001, ya que los desequilibrios estructurales que provocarían una gran recesión simplemente no existen en la actualidad. Cuando llegue, la próxima recesión probablemente tendrá su origen en el mercado de trabajo, donde estamos empezando a observar una excesiva tirantez. Si el mercado de trabajo se sobrecalienta, los beneficios se resentirán y entonces las empresas suspenderán el gasto de capital y dejarán de contratar. Así es como suele agotarse la expansión. Si bien es posible que la próxima recesión tenga un menor impacto en la economía real, probablemente será dura para los mercados financieros, ya que las empresas han intensificado su endeudamiento para llevar a cabo distribuciones de efectivo a los accionistas vía amortización de acciones y pago de dividendos.


Los bancos centrales tendrán menos margen para intervenir cuando se produzca la próxima recesión, pero esto no significa que sean impotentes. El nivel de los tipos de interés no es elemento primordial de la política monetaria, que consiste más bien de reorientar los flujos de capital para crear condiciones financieras relajadas. A mi juicio, los bancos centrales aún conservan algunas herramientas para lograr dicho objetivo. Muchas personas estaban convencidas de que el Banco Central Europeo y el Banco de Japón habían agotado su capacidad de intervención el año pasado, pero desde entonces, el rendimiento del bono alemán a 10 años ha caído de cerca de 80 puntos básicos (pb) a -50 pb y el rendimiento de la obligación a 30 años del Tesoro japonés ha pasado de la zona en torno a 90 pb a 35 pb y las condiciones financieras se han flexibilizado sustancialmente.
 

No deberíamos subestimar la capacidad de intervención de unos bancos centrales decididos.
 

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