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Una tregua entre EE. UU. y China podría impulsar la recuperación

Nikolaj Schmidt , Chief International Economist

Las negociaciones comerciales entre EE. UU. y China en la reunión del G20 del mes pasado parecieron cerrarse con una tregua incómoda, aunque siendo realistas probablemente era el mejor resultado que cabía esperar. No está claro qué va a pasar a partir de ahora, pues hay algunos asuntos espinosos que resolver, pero si ambas partes permanecen en la mesa y se logran nuevos avances, creo que la economía global podría avanzar hacia una recuperación.
 

¿A qué se debe mi relativo optimismo cuando muchos participantes del mercado están preocupados acerca de una recesión inminente? A que no creo que se den las condiciones previas a una recesión. La economía global se ha visto afectada por varios shocks que han ralentizado la formación de capital durante los últimos 18 meses, dejando el sector de la fabricación en una situación prácticamente de recesión. Sin embargo, no ha habido grandes inversiones o un auge del consumo que haya provocado el tipo de desequilibrio económico que solo la purga de una recesión podría eliminar. Aunque los niveles de deuda corporativa han aumentado, esto se ha compensado con un aumento y estabilización de los márgenes de beneficios. Además, el coste del pago de la deuda sigue siendo pequeño, debido a los tipos de interés bajos y a los reducidos diferenciales de crédito.

No creo que se den las condiciones previas a una recesión.

Aunque es cierto que la curva de tipos de EE. UU. se ha invertido en algunos puntos, lo que se considera normalmente una señal de problemas inminentes, no estoy convencido de que la curva de tipos pueda decir mucho por sí sola. Además, hemos de recordar que la curva de tipos sigue distorsionada por las fases de expansión cuantitativa aplicadas por los bancos centrales en los últimos años. Para mí, la curva de tipos es solo una parte de una imagen completa.
 

Ante la ausencia de factores evidentes o indicios de una recesión, creo que la recuperación podría partir de dos pilares: un restablecimiento de la política monetaria sumamente flexible y una reducción de la incertidumbre. Lo primero ya está sucediendo: la Reserva Federal estadounidense está relajando su política monetaria, al igual que el Banco Popular de China (lentamente) y el Banco Central Europeo. Si la tregua entre EE. UU. y China se mantiene, también se logrará reducir la incertidumbre.


Sin embargo, hay muchas cosas que dependen de las negociaciones comerciales entre EE. UU. y China. Si las negociaciones del G20 del mes pasado hubiesen tenido un resultado negativo, con nuevos aranceles y prohibiciones de exportaciones, probablemente estaríamos ante un rápido endurecimiento de las condiciones financieras y una recesión mundial inminente. El comportamiento de la economía global en los próximos años depende en gran medida del resultado de estas negociaciones, que siguen siendo muy delicadas. Creo que resulta útil dividir la situación en dos elementos principales: primero, la cuestión apremiante del comercio y, segundo, el problema aún más profundo de cómo se definirá a largo plazo la relación política entre EE. UU. y China.
 

Creo que se están logrando avances en la primera de estas cuestiones, ya que interesa a ambas partes encontrar una solución, y tanto el presidente Xi como el presidente Trump tienen el margen político en sus países necesario para hacer las cesiones que correspondan. Un  acuerdo comercial viable de uno u  otro modo sigue siendo posible.

Lo bueno de una desaceleración importante es que deja margen para una recuperación.

La segunda cuestión es más complicada, porque las ambiciones a largo plazo de ambos países son bastante incompatibles: China desea ser la potencia dominante en la región del Indopacífico, sin dejar de ser un país unipartidista, mientras que el sistema político estadounidense trata de extender la democracia. A largo plazo, es probable que las economías de EE. UU. y China se enzarcen en una batalla por sus ámbitos de interés político y económico. En realidad, esta batalla ya está en marcha, como vemos con el espinoso problema de qué hacer con Huawei, el gigante de telecomunicaciones chino que EE. UU. considera una amenaza para la seguridad mundial.
 

Sin embargo, en nuestro horizonte de inversión, suponiendo que la tregua entre EE. UU. y China se mantiene, espero que la economía mundial muestre indicios de mejora pronto. Lo bueno de una desaceleración importante es que deja margen para una recuperación. Es probable que se haya acumulado una cierta demanda contenida de bienes de equipo y, si evitamos una recesión a corto plazo, la actual desaceleración contribuirá a ampliar la longevidad de cualquier posterior expansión. En resumen, creo que se dan las condiciones para un entorno favorable a los activos de riesgo, entre los cuales apuesto por los mercados emergentes y la renta variable, más que por el crédito.

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